SAMÁN
Samanea saman (Jacq.) Merr. (Mimosaceae)
ESTADO ARAGUA
El Samán es el árbol representativo del estado Aragua, y posiblemente el más conocido dentro del universo de ejemplares botánicos de la flora venezolana, tratándose de un árbol majestuoso que crece solitario, brindando sus sombras y frutos tanto al hombre como al ganado, posee un lugar privilegiado en nuestra historia.
La copa de este gigante vegetal se asemeja a un paraguas de enormes proporciones, se cubre de una abundante floración decorando el espeso ramaje con multitud de flores de un color rosado-blancuzco. En los días que precede a la temporada de lluvias, en sus hojas se condensa por la noche la humedad que con las primeras luces del alba cae como ligeras gotas. De allí, proviene el nombre de Árbol de lluvia, así es conocido en algunos países, podemos observar frecuentemente, la hierba verde debajo de estos árboles, aún en épocas de la sequía.
Algunos ejemplares de esta especie, se han hecho verdaderamente célebres en la historia venezolana. De todos, significativamente el más famoso, es el Samán de Güere, lo encontramos entre las poblaciones de Turmero y Maracay, ciudad capital del estado Aragua.
Este majestuoso árbol, debe su nombre al cacique Güere, de quien se dice fue aliado de los blancos conquistadores. Encontramos en la tradición oral muchas historias, entre ellas se destaca, la muerte del chamán Arawako bajo la sombra de éste y desde entonces, el Samán fue considerado como la reencarnación de ese chamán, atribuyéndole las características propias de una deidad. Testigo ancestral de luchas centenarias, el célebre árbol, incluso figura como testigo silente del primer hecho histórico registrado bajo su copa y que se remonta a 1556, en el marco de una batalla cuerpo a cuerpo entre los caciques Guaicaipuro y Maracay, donde éste último resultó victorioso (Hoyos, Día del Árbol en la Universidad Nacional Abierta, con una “Semblanza al Samán”, 2009).

Significativamente es el testigo silencioso que sirvió de punto de encuentro y descanso para varios líderes de la Independencia de Venezuela y sus tropas, así como también para sus enemigos. El Libertador Simón Bolívar, se detuvo en más de una ocasión, para descansar y planificar estrategias durante el desarrollo de la Campaña Admirable. De igual modo, las tropas españolas acamparon bajo la asombrosa sombra de este ejemplar, en el marco de la Batalla de San Mateo.
Es tal la envergadura de este majestuoso árbol, que cautiva a propios y extranjeros cuando han tenido la oportunidad de estar ante su presencia; así el explorador alemán Alejandro de Humboldt dejó plasmada su primera impresión del Samán, que ya para la época gozaba de una reconocida reputación (Humboldt, 2006, pág. 111):
“Al salir del pueblo de Turmero, a una legua de distancia, se descubre un objeto que se presenta en el horizonte como un terromontero redondeado, como un túmulo cubierto de vegetación. No es una colina ni un grupo de árboles muy juntos, sino un solo árbol, el famoso Samán de Güere, conocido en toda la provincia por la enorme extensión de sus ramas…”

La significación en el imaginario colectivo del pueblo del estado Aragua, en relación a este gigante, ha quedado registrada en infinidad de crónicas y escritos que exaltan su huella indeleble en el devenir histórico regional y nacional. El Samán de Güere, ha sido fuente de inspiración que preserva la memoria de épocas en que la vida indígena, el avance del conquistador, el nacimiento de nuevos pueblos, la lucha por el sueño independentista y el paso de generaciones enteras, se fraguaban bajo su sombra:
“Más de cien años pesan sobre tu enorme jiba, su leyenda es el triunfo de otras cien primaveras que pasaron cantando sobre su copa altiva, como un vuelo glorioso de bizarras banderas.”
Este fragmento del soneto escrito por el poeta aragüense Sergio Medina, pone de manifiesto el lugar privilegiado de este árbol en la historia regional de esta entidad (Barroso Alfaro, 1997, pág. 6); se habla entonces de un patrimonio natural de especial relevancia histórica, en torno al que se construye una identidad nacional asumida como propia en todos los estratos, inspirando incluso líneas anónimas que inmortalizan su talante:
“No hay ciudad como Caracas, no hay Samán como el de Güere ni villa como San Carlos dígalo quien lo dijere”
La sombra del imponente árbol, se proyecta hasta bien entrado el siglo XX, cuando el entonces Presidente Juan Vicente Gómez le rindió honores en un acto protocolar el 24 de julio de 1926 y más tarde en 1933, lo proclamó como Monumento Nacional. Los Símbolos Patrios del estado Aragua, le otorgan un lugar especial a este ejemplar, figurando en el Escudo de Armas de esta entidad, como símbolo de su relevancia histórica y la fertilidad del suelo de esta región.
El 17 de diciembre de 1982, el entonces Capitán del Ejército Hugo Rafael Chávez Frías, junto a un grupo de oficiales descontentos por la descomposición social producto de la Cuarta República, decidió tomar el juramento de liberar y defender a la Patria Venezolana ante el célebre Samán de Güere, evento que años después conformaría el inicio de un proceso de transformación política, económica y social grabado en nuestra memoria histórica.
Actualmente y para el infortunio de las generaciones venideras, el famoso Samán de Güere ya no adorna las calles de la vía a Turmero, no obstante, el eco de su leyenda resuena hasta nuestros días con la preservación, no sólo de sus memorias, sino también de su descendencia.
Quizás, el descendiente más emblemático del Samán de Güere, sea el Samán de Catuche, ubicado en la ciudad de Caracas, al que también se le conoce como Samán de la Trinidad, Samán del Buen Pastor y Samán de Bello por la especial estima que el Ilustre Andrés Bello sentía por éste. Hijo del Samán de Güere, su historia se remonta a 1753, cuando fue sembrado en los alrededores de la quebrada de Catuche por el alarife Juan Domingo del Sacramento de la Santísima Trinidad Infante, durante la construcción de la Capilla de la Santísima Trinidad, actual Panteón Nacional.
Al bajar del trabajo en una tarde del año 1753, Infante tropieza con un tal Hipólito Blanco, arriero que frecuentaba el camino entre Caracas y los Valles de Aragua quien traía para su amigo Juan del Sacramento una estaca prendida del célebre Samán de Güere. El arriero contribuía a la fábrica del templo con un árbol, y deseaba al presentar la estaca retoñada, que fuese sembrada en aquellos sitios tan queridos para él. Infante siembra el renuevo en el mismo lugar que ocupa hoy el Samán… (Rojas, Bolívar y la Santísima Trinidad , 1981, pág. 39).

Partiendo de este relato, hoy por hoy el Samán cuenta con 265 años y engalana los espacios de la actual Biblioteca Nacional. Ha sido testigo perenne de la historia caraqueña y sus transformaciones políticas, culturales e ideológicas, llegando a ser en su momento, sitio predilecto del Ilustre Andrés Bello, quien además de pasar tiempo de esparcimiento bajo su apacible sombra, también allí impartió lecciones al Libertador Simón Bolívar. La impronta de este célebre árbol que cautivó para siempre la memoria de Bello, quedó inmortalizada como parte de su legado en el poema titulado “A un Samán” (Núñez, En Defensa del Samán de la Trinidad o de Catuche, 1981).
“…Extiende, Samán, tus ramas sin temor al hado fiero, y que tu sombra amigable al caminante proteja…”
Otro personaje estrechamente vinculado al Samán de Catuche es el Padre José Cecilio de Ávila, a quien se le atribuye haber salvado a este ejemplar de una inminente tala, razón por la cual este gigante vegetal también se le conoce como Samán del Buen Pastor (Rojas, Leyendas Históricas de Venezuela, 2006).
Ciertamente, el Samán es el árbol representativo del estado Aragua, aunque su trascendencia en el transcurrir histórico va mucho más allá de la delimitación geográfica que define a esta entidad. Se sabe, por ejemplo, del Samán de la Quinta de Antonio Guzmán Blanco en la parroquia caraqueña de Antímano, donde el mandatario solía ofrecer agasajos a familiares y amigos.
El Samán de Cumanacoa en el estado Sucre, donde según sostiene la tradición popular el conquistador Juan de Orpín descansó bajo su sombra durante la fundación de “Santa María del Valle de Cumanacoa” y el Samán de Villegas en Turmero, estado Aragua, tristemente célebre por la creencia de que esclavos y prisioneros eran torturados bajo su sombra.
El Samán de Trapichito ubicado en Guarenas, estado Miranda se eleva en las proximidades de la antigua carretera nacional, donde se inicia la avenida que conduce a la plaza Miranda en la urbanización Manuel Martínez Manuel, localidad tradicionalmente conocida como Trapichito, ya que está ubicada donde solía funcionar el trapiche de la antigua hacienda “La Concepción”.
Este árbol centenario es referencia obligatoria de todos los que diariamente hacen vida en las inmediaciones de esta zona, ya que al abrigo de sus largas ramas se han sucedido infinidad de hechos que constituyen la cotidianidad del lugar.Como parte de la diversidad de tributos y exaltaciones hechas a este maravilloso espécimen, durante la Semana de la Conservación en junio de 1983 y para conmemorar el bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, fue declarado el Samán como Árbol Emblemático de los Países Bolivarianos, distinción que quedó inmortalizada con un Samán en el Monumento de Boyacá en la ciudad de Caracas.

