Mientras en gran parte del mundo las tradiciones de fin de octubre se concentran exclusivamente en la memoria de los seres humanos, varios países de Latinoamérica —con raíces profundas en costumbres de naciones hermanas como México y Bolivia— conmemoran hoy, 27 de octubre, una fecha insólita y profundamente emotiva que está conmoviendo las redes sociales: el Día de las Mascotas Fallecidas.
Aunque para muchos en Venezuela esta festividad resulte una completa novedad, la creencia popular sostiene que durante la noche de este 27 de octubre, los fieles animales de compañía que ya partieron cruzan el umbral invisible para regresar de visita a los hogares donde fueron amados. Perros, gatos y otras especies que marcaron nuestras vidas vuelven, de forma simbólica, a reencontrarse con sus familias.
La costumbre nació como una hermosa antesala a las festividades de Todos los Santos y el Día de los Muertos.
Las familias preparan pequeños altares dedicados exclusivamente a sus animales. En estos espacios se colocan elementos llenos de significado:
Su fotografía favorita en el centro.
Su plato de comida o croquetas preferidas.
Un recipiente con agua fresca para calmar su sed tras el largo viaje.
Sus juguetes más apreciados y la correa con la que tantas cuadras recorrieron juntos.
Veladoras encendidas para iluminar su camino de regreso.
El sentimiento llega a Venezuela
El amor por un perro o un gato no entiende de nacionalidades. En los últimos años, la fuerza de las plataformas digitales ha permitido que esta fecha trascienda las fronteras latinoamericanas y cale hondo en el corazón de los venezolanos.
Para quienes han sufrido la pérdida de una mascota, el duelo suele vivirse en silencio debido a la incomprensión social que a veces minimiza este dolor. Sin embargo, iniciativas como esta abren un espacio válido y sanador para recordar que un animal de compañía no es solo «un animal», sino un miembro legítimo de la familia.
Hoy, encender una vela en casa, mirar una vieja fotografía o simplemente dedicarles un pensamiento de gratitud se ha convertido en el idioma universal de los amantes de los animales. Porque, aunque el tiempo pase, la huella de esa mascota que nos dio amor incondicional jamás se borra del alma.

