Mientras usted, estimado lector, se peleaba con la cobija esta mañana o buscaba desesperadamente un analgésico para los estragos de la Nochebuena, hay un grupo de «valientes» que decidió que el 25 de diciembre no es para dormir, sino para barrer. Sí, así como lo lee: mientras las calles de Tucupita parecían un desierto digno de película del oeste, la Cuadrilla de Servicios Públicos ya estaba dándole a la escoba «a todo pulmón».
El «Niño Jesús» les prendió los motores
Parece que el regalo del Niño Jesús para la cuadrilla no fue ropa ni perfumes, sino un chute de energía inagotable. Con el espíritu navideño a flor de piel (o quizás para quitarse el frío del amanecer), estos trabajadores madrugaron a limpiar el desastre que dejamos todos tras el frenesí de los regalos y las hallacas.
El operativo arrancó en el casco central, esa zona que hoy amaneció gritando auxilio bajo una montaña de desperdicios. Pero ahí estaban ellos, «sin prisa, pero sin pausa», demostrando que la responsabilidad no conoce de feriados ni de domingos.
El «Plaga» y el ojo del Alcalde
A la cabeza del batallón no podía estar otro sino el «N° 1» de los directores municipales, Euclides “Plaga” Zambrano, quien al parecer prefiere el olor a calle limpia que el de la cena navideña recalentada. Bajo su mando, la cuadrilla se movió con una precisión que ya envidiarían los que hoy no pueden ni levantarse del sofá.
Y por si fuera poco, detrás de cada bolsa recogida y cada acera despejada, está la mirada vigilante —y bastante observadora— del alcalde Asnardo Rodríguez Santaella. El hombre no le quita el ojo a la jugada, obsesionado con una meta que suena a reto para el resto del país: convertirnos en la ciudad más limpia de Venezuela.
Así es que se gobierna (aunque a muchos les pique)
Mientras la ciudad dormía el sueño de los justos, este equipo demostró que para ellos el 25 es un lunes cualquiera de trabajo intenso. «Así es que se gobierna», dicen por ahí, soltando el eslogan que hoy suena más fuerte que nunca entre el roce de las escobas contra el asfalto.
Así que, la próxima vez que se queje del cansancio navideño, recuerde que hay una cuadrilla que ya dejó el centro como un espejo mientras usted apenas descubría qué hora era. ¡Qué envidia de energía, señores!

