Ni las sanciones ni los cuentos de pasillo han podido frenar el chorro de crudo venezolano que ahora fluye con más fuerza hacia el norte.
Venezuela arrancó abril pisando fuerte y colándose en el podio de los principales proveedores de petróleo para Estados Unidos, ocupando un flamante tercer lugar que nadie veía venir.
Con un promedio de 321.000 barriles diarios apenas en la primera semana del mes, el país registró un salto brutal del 65% en comparación con el periodo anterior, dejando claro que cuando se trata de energía, los negocios mandan.
Este repunte no es una casualidad de un solo día; Venezuela ya encadena cinco semanas metida en el «top 5» de los suplidores favoritos del mercado estadounidense, siendo superada únicamente por gigantes como Canadá y Arabia Saudita. Lo que realmente pica y extiende es que estas cifras representan el nivel más alto de exportaciones hacia las refinerías gringas desde febrero de 2019, marcando un hito que rompe con años de sequía y restricciones.
El mercado energético está dando un giro de 180 grados: mientras el promedio móvil del año sigue subiendo, la comparación con el 2025 revela que estamos exportando un 48% más que el año pasado. A pesar de los altibajos operativos y el ruido político, el sector petrolero venezolano parece haber encontrado la grieta para colarse de nuevo en las grandes ligas, demostrando que, aunque el camino ha sido pedregoso, el petróleo sigue siendo el dueño de la jugada y la principal fuente de divisas que mantiene al país a flote.


