Miguel Uribe Turbay, destacado senador de la República y precandidato presidencial por el Centro Democrático, falleció en la madrugada de hoy, 11 de agosto, a los 39 años. Su muerte se produce tras una larga y difícil batalla de más de dos meses en cuidados intensivos, a raíz de las graves heridas sufridas en un atentado sicarial en Bogotá el pasado 7 de junio.
La noticia fue confirmada por su esposa, María Claudia Tarazona, a través de sus redes sociales, desatando una oleada de mensajes de condolencia y dolor en todo el país. Políticos de todos los espectros, figuras públicas y la ciudadanía en general han lamentado la pérdida de Uribe, recordando su vehemente voz de oposición y su compromiso con las instituciones democráticas.
Uribe Turbay fue víctima de un ataque armado mientras participaba en un evento de campaña en el barrio Modelia. Recibió múltiples impactos de bala, que lo mantuvieron en un estado crítico y con pronóstico reservado desde entonces. Aunque mostró breves momentos de mejoría, su salud se deterioró irreversiblemente en los últimos días debido a una hemorragia en el sistema nervioso central.
Miguel Uribe, nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala, llevaba en su legado una historia marcada por la violencia, pues su madre, la periodista Diana Turbay, también fue asesinada en 1991.
Abogado de la Universidad de los Andes y con una maestría en Harvard, Uribe Turbay se proyectó como una de las figuras más prometedoras de la política nacional, consolidándose en el Senado como un férreo crítico del Gobierno actual.
Las autoridades han avanzado en la investigación del atentado, logrando la captura del presunto sicario, un menor de edad, y de otros implicados, incluyendo el supuesto autor intelectual. Sin embargo, su muerte reaviva el debate sobre la violencia política en el país y el frágil estado de la democracia colombiana.
Colombia despide hoy a un joven líder que, en palabras de sus allegados, buscaba «un país sin violencia», en una trágica paradoja que enluta a la nación.

