Hoy, 7 de octubre, la figura geopolítica más controversial y enigmática de las últimas décadas celebra su cumpleaños número 74. Nacido en 1952 en una golpeada Leningrado —la actual San Petersburgo—, Vladímir Vladímirovich Putin creció en un entorno humilde, forjado por las historias sobre la Segunda Guerra Mundial vividas por sus padres, una infancia en las calles y un ascenso metódico que lo llevó directamente a las filas de la temida agencias de inteligencia, la KGB.
Su llegada al trono de Rusia parece trazada por un guion de película: en la Nochevieja de 1999, la inesperada renuncia de Borís Yeltsin lo catapultó al centro del escenario mundial. Lo que parecía un interinato temporal se convirtió en una era invencible. Más de dos décadas en la cima del Kremlin, cinco mandatos presidenciales e innumerables reestructuraciones políticas lo han mantenido imperturbable en la cima.
El mandatario ruso ha visto pasar a presidentes de las principales potencias mundiales, superando crisis financieras, guerras devastadoras y pandemias globales. Amado por sus defensores como el restaurador del orgullo patrio y visto con profundo recelo y temor por sus detractores en Occidente, Putin sigue consolidándose como uno de los líderes indiscutibles y más influyentes del siglo XXI.
Este 7 de octubre, el jefe del Kremlin vuelve a apagar las velas del pastel. Y mientras en los pasillos de Moscú resuenan los festejos, el planeta entero sigue pendiente de sus movimientos.
