La fiesta es opositora. El luto, izquierdista.
En un resultado que muchos anticiparon pero que no deja de ser un sismo político, Bolivia ha dado un portazo a casi dos décadas de populismo y se encamina a un nuevo futuro, uno sin el socialismo del siglo XXI al mando.
Los bolivianos han sentenciado a la izquierda. En un acto de rebeldía en las urnas, han enterrado las aspiraciones de un Movimiento al Socialismo (MAS) desinflado, y han puesto en el ring a dos titanes de la oposición: el demócrata cristiano Rodrigo Paz Pereira y el derechista Jorge “Tuto” Quiroga.
Los números hablan por sí solos y son un balazo directo a la línea de flotación de la izquierda: el conteo rápido del canal boliviano Unitel pone a Paz Pereira a la cabeza con un sólido 31,3 %, seguido muy de cerca por el ex presidente Quiroga, quien sorprende al subir al segundo lugar con 27,3 %.
El gran perdedor, además del MAS, es Samuel Doria Medina. El eterno favorito de las encuestas se quedó en la orilla, atrapado en un lejano tercer lugar con 20,2 %, una cifra que lo saca de la contienda y deja el camino libre para el verdadero enfrentamiento.
Pero el golpe más duro se lo lleva el partido de Evo Morales. El candidato del MAS, Eduardo del Castillo, apenas rasguña el 3,2 %, quedando en un vergonzoso último lugar y demostrando que la marca de la izquierda ha perdido su encanto, su mística y su poder. El sueño de Andrónico Rodríguez, de heredar el manto de Evo, también se esfumó en un 8 %.
Ahora, el país sudamericano se prepara para una segunda vuelta que promete ser un choque de trenes. Por un lado, Paz Pereira, una figura con experiencia en la gestión local, y por el otro, «Tuto» Quiroga, un veterano de la política boliviana.


