«El 11 de septiembre» alusivo al ataque terrorista a las torres gemelas.
Transcurría la noche de aquel martes 12 de septiembre del año 2023 en Tucupita cuando por los diferentes grupos informativos de WhatsApp comenzaban a llegar mensajes de llamadas de auxilio, «se está prendiendo el abasto de los chinos de la esquina de la plaza» era lo que expresaban los textos y audios de aquella noche.
El cuerpo de bomberos del estado Delta Amacuro se aproximó al lugar de los acontecimientos, esto con la intención de controlar el fuego, mientras, por las redes sociales circulaban imágenes escalofriantes y que llenaban de impotencia a las personas. «Los bomberos no pueden hacer casi nada, las mangueras están rotas y el negocio de los pollos se está prendiendo». Exclamaba el colectivo deltano.
Gran cantidad de personas se acercaron al lugar de los hechos, unas con la intención de querer ayudar a salvar algunos productos de los comercios conjuntamente con los dueños de éstos, otros para evidenciar lo que estaba suscitando, pues no creían que de lo que veían en las redes, era de gran magnitud.
El miedo, la angustia y el desespero aumentaban, pues la edificación se veía más deteriorada por el fuego, era incontrolable. «Llegaron las cisternas de unas empresas privadas y está ayudando a controlar la situación». Comenzaban a circular por los grupos de WhatsApp.
Una luz de esperanza veía las personas esa noche del 12 de septiembre cuando bomberos y las cisternas de algunas instituciones públicas y de empresarios unieran fuerzas para contrarrestar las llamas que ya amenazaban en entrar a otros negocios cercanos de este abasto asiático.

Exactamente hoy se cumple un año de lo que hubiera sido una de las tragedias más grande y triste en mucho tiempo, pues no hubo pérdidas humanas que lamentar, solo pérdidas materiales y económicas que se presumen, fue una gran cantidad.
Relato de un vecino que vivió de cerca momentos de tensión:
«En cuestión de minutos y todo se estaba quemando tan rápido, fue un momento en que toda Tucupita se movilizó al lugar, primera vez en mi vida veía una situación así muy de cerca, me dio mucho sentimiento ver al dueño del negocio de los pollos y la china llorar desconsoladamente. Los dueños de los demás negocios también se asustaron mucho, pues temían que el fuego entrara a sus locales.
«Dadas las circunstancias mi familia y yo fuimos como un ángel para los chinos, cosas de la vida, tiempo después de esa tragedia le vendimos mi casa y ahora funciona como un almacén».

