La lava del volcán de la isla española de La Palma generó una columna de vapor de agua y gases posiblemente tóxicos al llegar al océano, circunscrita a la zona de contacto del magma y el mar y sin afectar a la población, y creó un delta de aproximadamente medio kilómetro de ancho.
Desde que la lava del Cumbre Vieja comenzó a caer al mar, se sigue muy de cerca la situación, en especial la de la nube de gas, que no se ha extendido lateralmente y se ciñe, al menos de momento, a una zona pequeña de interacción entre el magma y el agua.
Los expertos insisten en que, fuera del perímetro de seguridad de 2,5 kilómetros, está garantizada la seguridad para poder «discurrir con total normalidad», salvo «la incomodidad» que pueda suponer la caída de ceniza.
Con la vista siempre puesta en la seguridad de la población, la evacuación de los vecinos de los núcleos de San Borondón, Marina Alta, Marina Baja y La Condesa se mantendrá vigente hasta que el Plan de Emergencias Volcánicas del archipiélago español de las Canarias (Pevolca) no disponga de resultados definitivos del estudio de seguimiento de los gases emitidos que se lleva a cabo.

