Al menos 19 religiosas y sacerdotes venezolanos, tres de ellos obispos, han muerto por la pandemia de covid-19. Y varios cientos han enfermado.
Este sábado 9 de abril murió Tulio Manuel Chirivella, obispo emérito de Barquisimeto. El 8 de abril, César Ramón Ortega Herrera, obispo emérito de Barcelona. Y en enero, Castor Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo. Los tres fallecieron por coronavirus.
Aunque las misas y otros oficios se suspendieron y luego se limitaron, ellos continúan cumpliendo con su deber de acompañar a los fieles, incluso con la unción de enfermos. Las medidas de bioseguridad se cumplen estrictamente pero la naturaleza de su trabajo los expone.
Monseñor José Trinidad Fernández, obispo auxiliar de Caracas y secretario general de la Conferencia Episcopal ofreció las cifras. Explicó que religiosos de todo el país han fallecido por la pandemia. También sus familiares.
«Los sacerdotes seguimos trabajando, y seguimos cercanos a la gente. Cada cual acompaña a los fieles de sus parroquias. Los párrocos están muy expuestos por su misión pastoral. Algunas cosas pueden hacerse por vía digital y hemos tratado de ser creativos, pero otras no. Aunque nos cuidamos, estamos muy expuestos al contagio de coronavirus. Es una especie de lotería. A veces te proteges mucho pero igual resultas contagiado».
Moisés Pérez Lugo, párroco de San Martín de Porres, en Valencia, estado Carabobo, murió el 6 de abril. Tenía 59 años y 34 de sacerdocio. Es el tercero que muere por covid-19 en ese estado. En septiembre murió el padre Alex Guillermo González Graterol, de 64 años, párroco de Nuestra Señora del Carmen y un mes después, el padre Julio Ramón Rodríguez García, párroco de San Blas, de 61 años.
Entre los 17 sacerdotes fallecidos se cuenta el obispo de Trujillo, Castor Oswaldo Azuaje. Falleció en enero de este año por covid-19, después de varios días hospitalizado en una clínica de Valera.
Decesos en el mundo
La iglesia mundial ha sufrido bajas por la pandemia. Es difícil de cuantificar el número exacto de religiosos fallecidos porque no es un registro que se lleve con exactitud. Ni en el Vaticano ni en cada país. Sin embargo, algunas cifras orientan sobre estás pérdidas.
«El exceso de mortalidad en el clero es muy difícil de cuantificar con precisión, ya que la situación cambia a cada hora y la información, país por país, no está centralizada», explica el portal Vatican News.
Este año, en México suman más de 150 y en Colombia 85. El año pasado en Europa, durante los primeros meses que fueron los más terribles en letalidad en ese continente, para mayo Italia contabilizaba 97 fallecidos y España 126.

