La gobernadora Loa Tamaronis se lanzó a la calle en el municipio Casacoima para protagonizar una «picante» jornada de atención social, un movimiento estratégico que busca inyectarle adrenalina a su gestión y responder directamente a las demandas del pueblo.
No fue una visita de bajo perfil: la mandataria se hizo acompañar del alcalde Héctor Sosa y del llamado «padrino» Héctor Silva, conformando una triada de poder que, según la propia Tamaronis, está «llena de compromiso y esperanza».


La noticia que incendia la polémica es la bandera que enarbolaron: el sistema 1×10 del Buen Gobierno. La gobernadora defendió esta plataforma, creada por el presidente Nicolás Maduro, como la «herramienta» definitiva para dejar de lado las promesas vacías y empezar a «construir puentes de soluciones para nuestra gente».
Este enfoque, que prioriza la atención directa, es visto por sus partidarios como un acto de cercanía genuina, mientras que sus críticos lo consideran una movilización política para consolidar bases y generar una percepción de eficiencia.
Tamaronis ha dejado claro su mensaje a propios y extraños: «¡Nada nos llena más que servir y estar cerca de nuestro pueblo!», desafiando a quienes dudan de la efectividad del 1×10.

Casacoima ha sido testigo de este intenso despliegue de fuerza, y ahora la lupa está puesta en si esta dosis de atención social logrará extinguir el incendio de las necesidades comunitarias o si solo avivará la llama de las expectativas.


