Mi nombre es Abraham y llegué a Perú hace 5 años con la idea de dejar mi pasado atrás, me da pena admitirlo pero en Venezuela yo me dedicaba a robar, no me mal interpreten, jamás lastimé a nadie, era un simple carterista.
Decidí hacer este viaje con la idea de empezar de 0 y créanme que no fue nada fácil y no porque no quisiera trabajar sino por la mala suerte que tuve en los trabajos, en tres oportunidades fui a trabajar y cuando pasaba una semana o dos me decían, «chamo no vengas más, estabas a prueba y no quedaste, tampoco pidas pago que no te toca pago».
Créanme que era frustrante el intentar hacer las cosas bien, pero que me fuera tan mal, supongo que era el karma, pero en el fondo sabía que esta era una prueba de Dios o de la vida y que tenía que superarla.
Al poco tiempo conocí a Alfredo y dos personas maravillosas que me dieron la oportunidad de trabajar en su taller de costura y aunque yo no sabía nada, ellos me enseñaron todo lo que tenía que saber, con el pasar del tiempo me gané su confianza y acogieron como a un hijo, yo tan solo tenía 19 años.
Pasé 2 años trabajando con ellos y todo iba bien hasta que llegó la pandemia y los obligó a cerrar, ellos se regresaron a su tierra y me invitaron a qué me fuera con ellos, que allá me podían dar trabajo así que me arriesgué, no había nada que me atara a Lima.
Al llegar a Trujillo Alfredo me dijo que tenían una mototaxi que si quería podía usarlo para taxear, y eso hice sin conocer muy bien la ciudad comencé a trabajar como mototaxista, hasta que en uno de esos viajes conocí a Jaqueline la peruana más bella del mundo y con quién más adelante me casaría y tendría un hijo.
Pasé un año trabajando y en mi mente solo tenía la idea de reunir para comprar una moto nueva, hasta que lo logré y no me quedé ahí, ahora tengo 2 motos y estoy reuniendo para comprar la tercera.
Hoy después de 5 años en Perú, puedo asegurar que todos podemos cambiar para bien y que el cambio está en nosotros, yo era un delincuente y hoy soy un emprendedor y el sustento de mi familia, así que gracias Perú por abrirme tus puertas.

