En la escuela de Puerto Lleras estudiaban el pasado curso 179 alumnos, de los cuales 110, es decir, más de 60% venían de Venezuela; en esta zona las fronteras son difusas y no hay controles aduaneros.
En Puerto Lleras, un pueblo colombiano en la frontera con Venezuela, el autobús escolar se fue con la pandemia y nunca más regresó, dejando en vilo el futuro de las niñas de esta zona, víctimas del abandono estatal y el conflicto.
Andris, Yaritza y otras dos amigas, de 11 y 13 años de edad, juegan con una pelota con sus uniformes granates impecables en las embarradas calles de este pequeño pueblo del departamento de Arauca, de casas prefabricadas instaladas después de que una crecida del río lo arrasara hace unos años.
Es el día de su graduación de primaria y sus madres las miran orgullosas y preocupadas porque no saben si podrán continuar sus estudios ya que la secundaria la tienen que cursar en otro pueblo a 14 kilómetros por carreteras sin asfaltar.
«Ahora tienen que ir hasta Puerto Nariño, y para sacarlos de aquí hay que tener moto o transporte y no lo hay», dice a Efe Yamile, una de las madres; «si no consigo cómo sacarlas a ellas, no puedo mandarlas a estudiar».

