La figura de un adolescente, cuya edad es todavía de menor, concentra el pavor en El Caigual, sector El Muro. La tragedia se cierne sobre una familia que ya ha perdido a dos de sus miembros a manos del mismo joven, un victimario cuya apariencia desafía la crueldad de sus actos.
La incredulidad fue la primera reacción de un funcionario policial al observarlo, resumiendo el impacto con una frase escalofriante: «Es delgadito». Parecía imposible que un joven de su físico fuera el autor material de dos homicidios.
Daga corta y motivos fútiles
En un lapso de solo tres meses, el joven ha demostrado un exceso de iracundia y una escalofriante sangre fría contra su propia sangre:
Hace tres meses: Acuchilló y quitó la vida a un primo de unos 30 años. ¿La causa? Un simple reclamo.
El 1 de diciembre: Repitió la dosis contra su hermano carnal, Julio Mendoza, de 25 años, dejándolo sin vida en el mismo lugar. ¿El detonante? La negativa a entregarle una harina.
Ambos fueron atacados con una daga corta y filosa, apuñalados directamente en el pecho, «lo justo para hincarla en el corazón».
La causa judicial reflejará que los homicidios se cometieron por motivos «fútiles e innobles». Pero el hecho ineludible es la absoluta falta de humanidad que ha desatado el terror en el núcleo familiar. En ambos casos, fueron los mismos parientes quienes sepultaron a las víctimas, manifestando un pavor hacia el atacante que trasciende el simple miedo.
Finalmente, el CICPC lo detuvo. Sin documentación y aparentemente sereno, el joven no revela sus intenciones ni cuándo podría explotar su violencia nuevamente.
El caso pasó a manos del Ministerio Público, poniendo fin a una racha que, de continuar, habría sido incalculable.

