El Delta es el mismo, pero distinto.
Ahora rastrea la prensa digital y visita las redes para leer noticias.
Se entera mucho más rápido que antes, cuando debía esperar el grito del pregonero al amanecer; se informa a la velocidad del internet.
Aprendió a pronunciar Tane tanae –no todos, algunos le dicen Tane tane-, y la incorporó a su vocabulario cotidiano, sin saber lo que significa. Son dos voces warao, que traducidas expresan: así ocurrió/así pasó, nombre que se debe a Melquiades Ávila.
Se sumó al mundo de los portales web y ahora figura en el mundo.
Se hizo realidad inmaterial e intangible, mas no por eso menos material y tangible, que cualquier otra realidad. Entre bit y píxeles, las tés mayúscula y minúscula del portal (Tt), y las siglas de sus hermanas Código Rojo (CR) y El Periódico del Delta (EP), existen tanto como si fueran de papel.
Rebota las noticias con la celeridad del rayo a una rapidez infinitamente superior a cuando se pasaban de mano los recortes de los rotativos.
Desde que Tane tanae existe, el Delta es más cercano, el planeta más próximo y la vida más inmediata, que 6 años antes y siglos después.

