En un episodio que ni el mejor guionista de Hollywood habría redactado, la seguridad de la «realeza» deltana se vio vulnerada. «La Negra», esa mujer que camina por las calles de Tucupita con el aura de una gobernadora y el carisma de una socialité, fue el blanco de un delincuente que subestimó el peso de la ley y, sobre todo, el peso de la madera.
Un hurto con «conocimientos técnicos»
Bajo el manto de la oscurana del pasado domingo, un sujeto con ínfulas de albañil decidió «remodelar» por cuenta propia el local en construcción de nuestra Kardashian deltana. El hombre, tras aplicar fuerza bruta y maña de oficio, logró desprender un listón de casi 5 metros de una columna en la emblemática esquina de la calle Amacuro con calle Petión.
Con el madero a rastras y una confianza digna de un inocente, emprendió la retirada. Sin embargo, en Tucupita no se mueve una hoja —ni un tablón— sin que la red de amigos de la «Negra» se active, superando en eficiencia a cualquier servicio de inteligencia.
El leño que se convirtió en grillete
Cuentan quienes fueron testigos de la escena que el insolente bribón iba silbando muy despreocupado frente al Banco del Tesoro. Pero la melodía se le cortó en seco cuando un enjambre de funcionarios de Politucupita, montados en sus relucientes motos nuevas, le cerró el paso bajo las órdenes del Sheriff Romero.
El delincuente intentó poner pies en polvorosa, pero la física fue su peor enemiga: el madero era tan grande que no pudo correr. Fue el peso de la fama de la víctima y el peso real del botín lo que facilitó su captura a escasos metros del lugar del crimen.
Este pasado lunes, al iniciar su jornada, la «Negra» —o la «Kardashian», según el abolengo con el que se le mire— fue sorprendida con la devolución de su material.
Los hombres de verde no solo cumplieron con el procedimiento, sino que, entre risas, casi le solicitan un autógrafo a la socialité.
Por su parte, el delincuente, tras darse cuenta de a quién le había «puesto el ojo», no paró de pedir perdón y jurar que jamás repetiría la hazaña.
Ahora, el veredicto final queda en manos del Rey David en sus predios de La Guasina, quien decidirá el destino de este aprendiz de carpintero que quiso pasarse de listo.

