La historia oculta de la familia de Freddie Mercury ha cerrado su capítulo más conmovedor con el fallecimiento de «Bibi», la hija secreta del vocalista de Queen, a los 48 años.
Su existencia permaneció en las sombras durante décadas hasta que la escritora Lesley-Ann Jones la reveló el pasado mes de septiembre en su libro «Love, Freddie». Bibi, quien trabajaba como médica para proteger su privacidad, perdió la vida a causa de un cordoma, un extraño y agresivo cáncer de columna contra el que luchó valientemente durante años.
Bibi nació en 1976 fruto de un romance discreto y, según las investigaciones, mantuvo un vínculo afectuoso con Mercury, quien la llamaba su «tesoro» y le dedicó composiciones profundas como «Bijou».
La relación entre ambos se mantuvo en secreto para evitar el acoso de la prensa, pero Mercury se aseguró de dejarle un legado personal a través de 17 diarios que hoy sirven como prueba de su historia.
Su esposo, Thomas, confirmó que sus cenizas fueron esparcidas en los Alpes, simbolizando su reencuentro espiritual con su padre.
Antes de su partida, Bibi se propuso una última misión: que se conociera la verdad sobre la vida de su padre para contrarrestar lo que ella consideraba una reescritura de la historia por parte del entorno oficial del cantante.
Pese a la debilidad de su salud, logró realizar un viaje final a Machu Picchu y presenciar la publicación del libro que confirmaba su identidad.
Su muerte deja un vacío en quienes llegaron a conocer su desinteresada lucha por la autenticidad, enfrentándose incluso a las negativas legales de Mary Austin.
