En el sector Las Malvinas del municipio Tucupita, la paciencia ciudadana se agotó y dio paso al terror cotidiano.
Durante más de diez años, un socavón de dimensiones colosales ha venido ganando terreno. Sin embargo, la furia de las recientes precipitaciones y el colapso absoluto del sistema de cloacas terminaron por desatar la tragedia.
Las tuberías de aguas negras, reventadas por debajo de las losas de concreto, expulsan un cóctel pestilente de líquidos y sedimentos que se mezcla con la fuerza de las corrientes fluviales cada vez que llueve.
El peligro no descansa ni de día ni de noche, pero se multiplica en la penumbra. El alumbrado público, bajo la absoluta responsabilidad de Corpoelec, brilla por su ausencia. Los postes de la zona se encuentran inactivos, transformando el hueco en un abismo invisible para conductores de motocicletas, adultos mayores y niños que regresan de los centros educativos.
Las consecuencias ya dejaron huella: un abuelo y un menor de edad figuran entre las víctimas que han caído al fondo de este cráter, sufriendo heridas de consideración ante la indiferencia de las autoridades.
Voceros como Rosana Rodríguez han alzado la voz una y otra vez ante las instancias gubernamentales.
La comunidad clama directamente al gobierno municipal y a la Gobernación del estado Delta Amacuro una intervención urgente.
Los habitantes de Las Malvinas advierten que no seguirán esperando a que una tragedia con víctimas fatales obligue a los funcionarios a pisar el terreno.


