En los pasillos del sector público existen rostros que se convierten en el alma misma de las instituciones.
María Zambrano es uno de ellos. Con dos décadas de servicio ininterrumpido en la Gobernación, su historia no es solo la de una trayectoria profesional consolidada, sino la de una mujer cuyo verdadero título ha sido la perseverancia, la vocación de servicio y la fe.
A propósito del Día de la Secretaria, conversamos con una de las figuras más estimadas y reconocidas del área institucional.
Aunque el destino y las circunstancias no le permitieron culminar una carrera universitaria, su espíritu inquieto y sus ganas de salir adelante la llevaron a transformar las oportunidades en un verdadero posgrado de vida.
Un camino construido con esfuerzo y humildad
«Yo entré aquí como obrera», recuerda María con una sonrisa que denota el orgullo del trabajo honrado. Sin embargo, la oportunidad se presentó en la Dirección de Presupuesto, un espacio que se convirtió en su mejor escuela. «Presupuesto me dio la oportunidad de aprender cosas nuevas. A pesar de que no tengo un título universitario —soy bachiller—, he aprendido mucho. Porque aparte de ser secretaria, también llevo el registro de los bienes de esta oficina. O sea, a veces no es el título, sino la experiencia y la oportunidad que le den a uno de aprender».
Su testimonio refleja una realidad compartida por muchos: la práctica constante y el deseo de superación son capaces de suplir los vacíos de la teoría formal. «Yo conozco la práctica», reflexiona con madurez, al tiempo que motiva a las nuevas generaciones a no abandonar sus estudios si tienen la oportunidad de continuarlos. «El que tenga la oportunidad de seguir estudiando, que estudie. Es muy necesario».
A lo largo de sus 20 años de labor, María ha visto pasar gestiones, gobernadores y compañeros de trabajo, convirtiéndose en una referencia dentro del organismo estatal. Cuenta con gratitud haber compartido con mandatarios locales y valora de forma especial los momentos compartidos con el personal de la institución, a quienes considera parte de su propia familia.
«Somos una familia. Yo digo que de todas las áreas, Presupuesto ha sido la diferencia porque siempre le ha dado la oportunidad a los trabajadores que llegan a esta institución para aprender. Muchas personas entraron como obreros y hoy son analistas. La cuestión está en querer aprender; cuando uno quiere aprender, trata de esforzarse más», afirma.
Pese a ser ampliamente conocida y querida por todos en la Gobernación, María mantiene un perfil bajo y enfocado en la excelencia del servicio: «No soy de muchos amigos, trato con todo el mundo con respeto, lo necesario. Cuando la gente pregunta por la secretaria de Presupuesto, enseguida me ubican. Lo importante es marcar la diferencia».
Al preguntarle sobre el consejo que le daría a las jóvenes que se inician en el oficio secretarial —una labor indispensable que articula, resuelve y conecta a toda una institución—, María no duda en apuntar a la calidad humana y la empatía como pilares fundamentales:
«Que tengan madurez y que sean humildes. A pesar de los problemas o dificultades que uno tenga, no podemos pagarla con el público. Uno tiene que tratar de sobrellevar y hablar bien con las personas, porque ellos vienen a buscar una ayuda. Si somos serviciales y humildes, Dios nos da la sabiduría y la gracia para atender bien».
María Zambrano encarna el verdadero valor del Día de la Secretaria: la entrega silenciosa pero constante, la sonrisa dispuesta y la convicción de que el trabajo hecho con amor y responsabilidad no solo dignifica a quien lo realiza, sino que transforma positivamente a toda una comunidad laboral.
