“No es ni chicha ni limonada, es alguien sin definición, no tiene personalidad, nunca se sabe dónde va estar, no se puede confiar en una persona así”, fueron los mensajes de Lizeta, una y otra vez.
Por un lado, le restó adeptos dentro del Psuv, al priorizar como valor supremo la lealtad; por el otro, anuló la posibilidad de que la oposición lo apoyara.
Fue un ajedrez en el que uno de los contendores pensó que atacando frontalmente a los robles del chavismo, Carreño y Lizeta, poniéndose a su altura, incluso por encima, excitaría el descontento acumulado en el pueblo e iría directo a la gobernación.
Hoy se dice fácil, sin embargo, una semana antes no se veía así, parecía que la simbología de David contra Goliat, la eterna lucha entre el bien y el mal, la rebeldía y la insurrección, la partitura de una presunta división partidista, y por qué no decirlo: la Fe, podrían conducir a la diputación, algo que no sucedió.
Funcionó un guión básico, la certeza de estar en control del partido; la alianza con Pedro Carreño, un viejo zorro de la política con injerencia a nivel central y la función de solido parachoques en la contienda con Monagas, con base en su amistad con Diosdado, al que conoce desde los tiempos de la Academia Militar; la tranquilidad de haber satisfecho todas las tendencias: Pedro Santaella, Leonardo Chirinos, el propio Carreño, Tupamaro, etc.; la seguridad de contar con numerosas lealtades: el hijo de una importante funcionaria que se mantiene desde hace 13 años en el cargo, una hermana de la vida a la que conoce desde muy niña, y la exdirectora de la Zona Educativa, a la que ha enrocado en varias ocasiones; y la experiencia acumulada en más de 10 procesos eleccionarios; encaminaron la victoria.
De Lizeta se podrá decir lo que quiera, que no es política, que no es popular, que pelea la mitad del tiempo y la otra mitad también, que prefiere la mano dura a la palmada suave; lo que no se puede negar es que alcanza las metas y consigue los resultados. Tiempo atrás escribimos: ES RESULTADISTA.
A su contendor, por vez primera, no le funcionó la estrategia. Es joven, es carismático, es audaz, es un tigre de la política y tiene un gran futuro por delante. Le queda un consuelo importante, atado de pies y manos, con la soga al cuello y el verdugo apuntándolo a la frente por si todavía respiraba luego de estirar la cuerda, es poco lo que se puede hacer.
Sin embargo, lo consiguió: soportó las embestidas, llegó al final, luchó hasta el último minuto, sin que la voluntad lo abandonara y quedó vivo. Vivo para seguir luchando.
Los tiempos de Dios son perfectos.

