Mientras otros miran de lejos, los servicios municipales aplicaron la técnica de la «operación comando»: vieron un huequito, se colaron y le dieron amor del bueno al diamante de la Guasina.
Dicen que cuando el gato no está, los ratones bailan, pero en Tucupita, cuando la maleza crece, la banda de «Plaga» aparece.
En un despliegue de audacia que dejó a más de uno con la boca abierta, el equipo de Servicios Públicos Municipales demostró que para ellos no hay candado que valga ni monte que los detenga.
El «Asalto de Cariño» al Látigo Chávez
Todo ocurrió en la avenida Guasina. Cuentan los testigos que los muchachos divisaron una pequeña separación entre el portón y el paredón del estadio de béisbol «Látigo» Chávez. Sin pensarlo dos veces, se colaron por la rendija y se introdujeron «en cambote» al recinto deportivo.
Pero que nadie se asuste, no fue un robo de cables ni de luminarias. La banda organizada de Euclides Zambrano, alias «Plaga», entró con el arma más peligrosa que poseen: la desmalezadora al hombro. Al ver aquel desierto de monte que parecía una selva, decidieron acampar a un costado y dedicarse a lo que mejor saben hacer: limpiar, emparejar y rescatar.
Una efectividad que asusta (y enamora)
En cuestión de horas, el principal estadio deltano sufrió una metamorfosis radical. Lo que antes era un nido de insectos y maleza, ahora luce como si jamás hubiera estado en el olvido. La eficiencia fue tal que el estadio parece otro, recuperando la dignidad que solo el deporte merece.
El «Número Uno» de la capital, el alcalde Asnardo Rodríguez, no pudo ocultar su sorpresa ante semejante emboscada de trabajo. Al ver los resultados, felicitó a la tropa de Servicios Municipales, una congratulación que ya se está volviendo costumbre, pues estos muchachos viven dando «sorpresas» positivas por toda la ciudad.
Primero fue el Polideportivo, ahora es Látigo Chávez pero y mañana cuál será su próxima víctima.

