En una jornada cargada de emoción y gratitud, la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC) celebró ocho décadas de compromiso con la formación integral en Venezuela. El evento tuvo lugar en la sede Episcopal de Tucupita, Delta Amacuro, donde más de cincuenta trabajadores fueron homenajeados por su entrega y trayectoria en el ámbito educativo.
La conmemoración inició con una solemne misa, presidida por autoridades eclesiásticas y acompañada por representantes de instituciones educativas aliadas a la AVEC. Entre los presentes destacaron miembros del Colegio Sagrada Familia, la Escuela de Emprendimiento Argimiro García y Fe y Alegría Educación, en sus áreas de formación académica, radio y educación formal.
Reconocimiento a la vocación y al legado educativo
Durante el acto, se rindió homenaje a docentes, personal administrativo y colaboradores que han sido pilares en la construcción de una educación católica con valores, especialmente en contextos vulnerables. La profesora Alba Montaño, representante de la seccional Guayana de la AVEC, ofreció unas palabras de apertura donde resaltó la fuerza del trabajo colectivo y el papel transformador de la educación en tiempos de adversidad.
También participaron el coordinador pedagógico Frank Guerra y la coordinadora pastoral Claribel Amaíz, quienes reafirmaron el compromiso de la AVEC con su misión evangelizadora y formativa en todo el país.

80 años sembrando esperanza
“Celebrar 80 años es celebrar la fe, la educación y el compromiso con las comunidades más vulnerables”, expresó Montaño al cierre del evento, destacando el impacto de la AVEC en la vida de miles de venezolanos.
Con presencia en todo el territorio nacional, la AVEC continúa siendo un referente en la promoción de una educación inclusiva, integral y basada en valores cristianos, apostando por el desarrollo de nuevas generaciones.

Una vida dedicada a enseñar: 55 años de vocación
Uno de los momentos más conmovedores fue el reconocimiento a la hermana terciaria capuchina Carmen Agreda, quien ha dedicado 55 años de su vida a la educación y a la fe. Su labor en el Colegio Sagrada Familia de Tucupita ha dejado una huella imborrable, primero como docente, luego como directora, y hoy como colaboradora incansable en cualquier espacio donde la enseñanza sea posible.
Aunque ha pausado su labor formal, su testimonio sigue inspirando a quienes creen en la educación como herramienta de transformación social.

