A los de Tucupita les sienta bien España
El 18 de agosto soleado en la calle Cardenal, me reconoció a primera vista y yo, caminando lento, paso a pasito pendiente de no perderme, quedé paralizado.
“Paco” me dijo dos veces, hasta que volviendo en sí, luego de instantes con la mente nublada como quien va al más allá y regresa, alcancé a reaccionar, “muchacha, qué haces tan lejos de Tucupita?”
Justo esa mañana, a un mes de haber arribado a España, pensaba en lo extraño que era no haber encontrado ninguna persona conocida. Por algo dicen que basta con mencionar el muerto y aparecerá, aunque sea en pesadillas.
María Eugenia Rodríguez, en la extensa luna de miel del primer año de casados, recorría feliz con su conyugue, Monforte de Lemos.
También venezolano, nativo de El Junquito, alquilaron un cómodo apartamento de tres habitaciones con sus ingresos de transportista, mientras la deltana se prepara para meterle el pecho a Iberia.
Tucupitense de pura cepa, practica en una autoescuela y se forma en gericultura, a fin de brindar atención especializada a adultos mayores, incorporándose al ámbito laboral y reforzando los ingresos del hogar.
Con el ánimo por las nubes y el rostro alegre y colorido, lejos de la insatisfacción que la recorría cuando en el momento más álgido de la crisis abandonó Venezuela, estuvo tres años en Chile, hasta decidirse a tomar por asalto Europa.
Contentos de reencontrarnos, quizá nos veamos en una ocasión más, antes de tomar el avión de regreso, dependerá de las circunstancias.
El día que nos topemos en Venezuela, instalados de nuevo en “casa”, será de júbilo para los dos. Antes que suceda, transcurrirá mucho tiempo.

