Mientras varios países de América Latina con costas en el Pacífico activaban sus alertas de tsunami tras el potente terremoto de magnitud 8.8 en la península de Kamchatka, Rusia, Venezuela se mantuvo sin emitir ninguna alarma, una situación que puede generar interrogantes. La respuesta, sin embargo, es simple y fundamental: la ubicación geográfica.
El Océano Pacífico, vasto y propenso a la actividad sísmica, fue el escenario de este reciente temblor. Las olas de tsunami, una vez generadas, viajan a través de la cuenca oceánica donde se originan. Por esta razón, naciones como Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México, todas con extensas costas bañadas por el Pacífico, se vieron en la necesidad de activar sus protocolos de emergencia para proteger a sus poblaciones costeras.
¿Por qué Venezuela no está en riesgo en este caso?
Venezuela, en contraste, se encuentra geográficamente en la cuenca del Mar Caribe, un cuerpo de agua completamente distinto y separado del Océano Pacífico. Esto significa que un tsunami generado por un evento sísmico en Kamchatka, o en cualquier otro punto del Pacífico, no tiene la capacidad de afectar directamente las costas venezolanas. Las olas no «cruzan» continentes.
La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) es el organismo oficial en el país encargado de la vigilancia sísmica y la emisión de alertas. Funvisis trabaja en estrecha colaboración con el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWC), que, a pesar de su nombre, también monitorea y emite avisos para la región del Caribe. Si en algún momento una amenaza de tsunami se presentara para las costas venezolanas, Funvisis sería la institución responsable de notificar a la población.
Es crucial entender que, si bien este evento en el Pacífico no representa un riesgo para Venezuela, el Mar Caribe tiene sus propias fuentes potenciales de tsunamis. Un ejemplo es el volcán submarino Kick ‘em Jenny, ubicado cerca de Granada, cuya actividad es monitoreada de cerca debido a su capacidad de generar maremotos.
En resumen, la ausencia de una alerta de tsunami en Venezuela tras el sismo de Kamchatka se debe puramente a la lógica geográfica. Cada océano opera de forma independiente en la propagación de estas devastadoras olas, manteniendo a Venezuela fuera del alcance directo de eventos sísmicos que ocurran a miles de kilómetros en el Pacífico.


