CAUCHO-HEVEA
Hevea benthamiana Müll. Arg. (Euphorbiaceae)
– ESTADO AMAZONAS –
El estado Amazonas contiene dentro de su jurisdicción, varios de los monumentos naturales más emblemáticos de nuestra geografía.
El Cerro Autana, la Piedra del Cocuy o la Piedra de la Tortuga, son algunos de los atractivos que anualmente atraen el interés de turistas nativos y extranjeros. Entre los atractivos naturales de esta entidad que lamentablemente suele pasar desapercibido debido a la notoriedad de sus pares, se encuentra uno de los árboles con mayor relevancia desde el punto de vista de saberes ancestrales y -en tiempos más recientes- en términos económicos y de manufactura, a saber, el Caucho-Hevea.
Este maravilloso árbol, pertenece a la familia Euphorbiaceae y su nombre es de origen indígena “compuesto por Ca, que significa árbol y uchú, que quiere decir que llora” (Hoyos, 1985, pág. 182). Popularmente, se le conoce como Caucho, pero también se le llama jacia, goma seringa, goma fina, seringa blanca y se encuentra mayormente en la cuenca del Amazonas y Orinoco.
Su relevancia desde el punto de vista económico, radica en la extracción de látex, una sustancia blanquecina sumamente valiosa que sirvió de materia prima para la industria automotora internacional, especialmente para la fabricación de neumáticos; así como para diversas industrias manufactureras de artículos derivados de este material, tales como gomas para borrar, tapones para frascos de medicina, tapas, artículos deportivos y una amplia variedad de artículos domésticos.

La obtención del látex, es una labor realizada desde tiempos ancestrales por los pueblos originarios, éstos empleaban un procedimiento sencillo que consistía en la fabricación de recipientes de arcilla sujetados a la corteza del árbol. Sobre estos recipientes caía el látex, fluyendo desde el tronco del árbol al que previamente se le hacía una incisión. Este proceso se hacía a diario, durante la mayor parte del año y las aplicaciones derivadas de este material iban desde la impermeabilización de telas, hasta el uso con fines medicinales.
El Caucho-Hevea y las diferentes aplicaciones que tenía desde tiempos precolombinos, han quedado asentadas en la historiografía de Venezuela y Latinoamérica, gracias a las crónicas recabadas por distintos cronistas y viajeros, quienes dejaron constancia de la importancia de este árbol en la cotidianidad de los pueblos indígenas. Así lo refleja el misionero jesuita José Gumilla en su obra El Orinoco Ilustrado, donde describe con cierto asombro un artículo donde explica la participación, de las comunidades originarias, en la fabricación a partir de la extracción del material de este árbol; al respecto señala que se trata de una pelota grande “como una bola de jugar mayo, formada de una resina llamada caucho, que a leve impulso rebota tan alto como la estatura de un hombre”. (Alvar Ezquerra, 1997, pág. 96).
El Caucho-Hevea, fue hasta bien entrado el siglo XX, una de las riquezas vegetales más cotizadas en el mundo por la versatilidad del látex que produce. La calidad, durabilidad, elasticidad y resistencia de este producto le otorgan propiedades substanciales que impulsaron la industria económica local y en última instancia, el mercado mundial automotriz y manufacturero. Desafortunadamente, como toda riqueza natural, no estuvo exenta de ser el objeto de la codicia y ansias de lucro desmedidas, por ello se originaron conflictos y enfrentamientos que empañaron su condición de especie ancestral y fuente de saberes originarios.
Estos árboles crecen de forma silvestre en toda la región del Amazonas, donde llegaban los caucheros para obtener la resina del látex que producen, lo que promovió en buena medida el dinamismo de la industria económica en esta entidad. En la actualidad, ya no es usado, desde la invención del caucho sintético a mediados del siglo XX.

El poeta popular nacido en la Península de Paraguaná, estado Falcón, Alfonso García Ceballos, dedica al Caucho unas líneas donde este árbol exalta en primera persona –como si de una presentación se tratase–sus atributos y la relevancia que tiene en el estado Amazonas, poniendo de manifiesto el arraigo que tiene este gigante en la cotidianidad de su gente (García Ceballos, 1988, pág. 31):
“…Represento al Amazonas Con el nombre de Caucho Hevea
Allá mi goma se emplea
como materia industrial,
también soy ornamental en la selva de Guayana,
con mi verdor se engalana
nuestra flora regional”.


