Al famoso “negro bueno”, hombre sin formación universitaria, de oficio maquinista, no le hizo falta la academia, en tiempo de Prietos, Uslares y Calderas, brilló sin necesidad de tanto cognomento.
Le bastó con leer y escribir para convertirse en líder del movimiento trabajador, pasando de operador de máquinas pesadas a presidente de gremios.

Por cierto, era de La Hamaca, pequeño poblado del municipio Sucre en el estado Bolívar, del que vino de muy niño para aprender las primeras letras en la escuelita oficial de Macareo Santo Niño, de manos de la conocida maestra Angélica Medina de Fermín.
Fue presidente de la CTV, secretario general de AD, concejal, diputado al Congreso Nacional, llegando a gobernador del Territorio Federal Delta Amacuro en 1985, cuando lo designara el presidente Jaime Lusinchi.

Entre sus logros estuvo el promover la electrificación del Guri hasta Tucupita, poniendo luz directa a la capital del Estado.
Fue precursor del uso del asfalto en las calles de la ciudad, modernizando la vialidad deltana; puso especial énfasis en consolidar la vialidad rural; se constituyó en uno de los impulsores de la elevación del Territorio a la categoría de Estado; y estuvo ente los gestores de la creación del Instituto Universitario de Tecnología Dr. Delfín Mendoza.
Persona de pueblo hasta la medula, trabajó como pregonero del diario El Luchador, y vendió en la calle turrón de coco, leche y pescado crudo y frito, para sostener a su mamá Ana Jacinta y su hermano Carlos Manuel, sin imaginar la autora de sus días que algún llegaría a lo más encumbrado del Poder Público nacional.

Líderes como Guerrero Méndez, de factura original y patente única, no abundan. La horma se perdió hace mucho y no la han encontrado. Sabe Dios en que recóndito lugar de La Hamaca estará. Sabe Dios…

