Han pasado más de diez días desde que Javier Zapata, venezolano en Argentina, fue arrollado de forma brutal por una unidad policial en Buenos Aires, lo que ocasionó su muerte.
El venezolano de 33 años deja dos hijos. Fue impactado el lunes 10 de enero en horas de la tarde, exactamente en la avenida Juan Bautista Alberdi y César Díaz en ciudad capital. Según el relato de su familia, una patrulla de la Policía de la Ciudad lo atropelló a él y a su esposa, pero Javier se llevó la peor parte.
«En el hospital nos informan que tenía todas las costillas del lado izquierdo fracturadas y una de esa perfora un pulmón, lo que le produjo un sangrado interno», relataron.
Aunque fue llevado de forma inmediata a quirófano y el resultado de la operación parecía exitoso, con las horas su estado se complicó. El joven venezolano murió en hospital de Buenos Aires con el pasar de las horas mientras estaba en recuperación, sufrió un paro cardiaco, lo reanimaron y de a poco se normalizaba su cuadro. Pero no paso mucho tiempo, aproximadamente tres horas después, presentó un segundo para cardiaco por lo que fue ingresado nuevamente a quirófano.
Lo estaban operando cuando el médico tratante notó que el intestino estaba arriba, al nivel de los pulmones, y el estómago también estaba perforado, lo que le producía sangrado y pérdida de líquido. «Le hacen la segunda operación donde supuestamente fue un éxito», cuenta el hermano del fallecido a Es Reviral.
Cuatro horas después le informan a los familiares que Javier lamentablemente había fallecido.
¿Por qué no entregan su cuerpo y qué pasó con los policías involucrados?
El dolor de su pérdida se ha intensificado para esta familia venezolana. Javier murió el 12 de enero y hasta la fecha, no han entregado su cuerpo a los familiares para darle el último adiós. «Mi mamá, está súper angustiada al igual que todos. Nosotros queremos es saber por qué no nos dan el cadáver».
La indignación invade a esta familia, primero por la pronta pérdida física de Javier, pero a esto se suma la frustración de no obtener una respuesta por parte de las autoridades. Hasta el momento, no cuentan con la autorización del Ministerio Público para que entreguen el cuerpo del venezolano.
«A nosotros ni al abogado nos han dado respuesta. A él lo ingresaron al el hospital luego que fuera atropellado por funcionarios de la Policía de la Ciudad», apuntaron. Se desconocen más detalles de los patrulleros involucrados en el hecho. Los sueños de un venezolano en Argentina frustrados por su temprana muerte.
Su ida de Venezuela
El joven era oriundo de Puerto Ordaz, y como millones de migrantes venezolanos, tomó sus maletas con una lista de sueños que apuntó para cumplir en su nueva vida en Argentina.
Sus familiares narran que Javier soñaba con tener una hamburguesería propia, y estaba motivado desde hace dos años para cumplirlo. Había
iniciado su emprendimiento con su esposa desde su domicilio y los planes eran expandirse a un local con el pasar del tiempo.
«Empezó como casi todos trabajando de delivery y en restaurantes hasta que pudo reunir dinero para traer a su esposa y sus dos hijos. Siguió trabajando de delivery hasta que un día se propuso un emprendimiento de hamburguesas: The Point».
Un caso similar: Otro venezolano arrollado por patrulla policial en Argentina
Un joven venezolano identificado como Daniel Calleja también fue arrollado en el mes de octubre en la ciudad de Buenos Aires mientras se desplazaba en la motocicleta con la que trabajaba como delivery.
De acuerdo a lo relatado por algunos testigos, el motociclista fue embestido por un patrullero policial. «Mi hermano duró 30 minutos en la calle tirado porque el policía no dejaba que lo tocaran», dijo Julio Calleja, su hermano.
Otros presentes en el suceso también explicaron que, al parecer, el patrullero policial se encontraba en una supuesta persecución por la calle Monroe y Cramer de Belgrano, pero dicen que en ningún momento se observó a ningún choro o alguien escapando de algo.
«La policía venía haciendo maniobras indebidas. Mientras nosotros estábamos preocupados el policía que lo chocó fumaba cigarros y se reía con sus compañeros en una actitud de patanes y burlistas ante la situación. Nos preguntaban si nosotros éramos la autoridad o eran ellos.
«¡Un abuso!”, manifestó Anderson Romero, quien dice haber permanecido en el lugar hasta que llegó la ambulancia.

