El coronavirus nos ha impuesto una terrible dictadura, no poder despedir a nuestros difuntos.
Si no fuera por las redes sociales, ni siquiera sabríamos que han fallecido.

Desaparecen físicamente y nos vemos privados de la posibilidad de acompañarlos en capilla ardiente, en el cortejo fúnebre, en las misas, hasta en el cementerio. Apenas sus cercanos tienen ese privilegio, pocos más.
Nos duelen a la distancia, en la imaginación, pensando en su último viaje, adornándolo en nuestro mente, visualizándolo digno y pomposo, como desearíamos que fuera.

Las mismas redes que nos avisan, han ido confeccionando una lista llena de rabia y aflicción.
Llevan un registro de los fenecidos en Tucupita, como una lápida virtual que nos arranca lágrimas cada vez que la vemos.
Gran parte de ellos son los abuelitos a los que habríamos querido visitar para escuchar sus cuentos una y otra vez y no pudimos.

El coronavirus contrajo una deuda enorme con nosotros que nunca habrá de pagar y que nos enseña una nueva dimensión del sufrimiento, aquel que se padece en soledad, entre las sienes, apretando los dientes y llorando a ritmo lento, con lágrimas como gotas de lluvia que ruedan sobre una ventana húmeda empañando nuestro rostro.
Cuidémonos y cuidemos a los demás, no hay nada más infame que morir e irnos sin despedidas.
Con el único consuelo, de que será Dios quien los reciba.
Fieles difuntos:
1.- René Valderrey.
2.- Raúl Romero.
3.- Odalys Romero de Marmanidis.
4.- David Malpica.
5.- José Gregorio Carpio.
6.- Teófilo Espinoza.
7.- Hernán Trujillo.
8.- Judith Suarez.
9.- Giorgina de Carrión.
10.- Manuel Rivero.
11.- Armando Antonio Arenas.
12.- Yudixa Gómez.
13.- Ing. Luis Marcano.
14.- Cira Núñez.
15.- Laura Cotúa.
16.- Octavio Bermúdez.
17.- Silverio Bolaños.
18.- Amarilis Marcano.
19.- Simón Ramírez.
20.- Danny Espinoza.
21.- Marcelo Lira.
22.- Efraín Rivas.
23.- Iraida de Mejías.
24.- Brendy Pino.
25.- Fran Dicurú.
26.- Juan Valenzuela.

