Dicen que el amor tiene poderes milagrosos y, desde que el autodenominado “paga problemas” de la administración se enamoró, parece que encontró la fuente de la eterna juventud: se quitó kilos de arrugas, décadas de existencia y ahora camina por los pasillos con un brillo en la mirada que ni el estrés disimula.
Pero ni la magia del romance ni el onomástico lograron ablandar el corazón de hierro del alcalde, pues el jefe de los servicios —ese sufridor que es tristemente el último en apagar la luz de la oficina y el primero en fichar la entrada— se quedó con las ganas de su gran objetivo este martes: disfrutar de su merecido día libre.
Petición denegada por la máxima autoridad, dejándolo con los crespos hechos y sin tiempo para apagar velitas a mitad de semana.
La situación pinta peor de lo que parece, ya que hasta el sábado no habrá tregua posible y, con suerte, el festejo tendrá que posponerse hasta el domingo si es que las emergencias del municipio lo permiten.
Por si fuera poco, el calvario cumpleañero viene con arrastre: se perdió la fiesta de «Yefri» este lunes, acumulando ya un saldo de 48 horas de gozo retrasado que el rector municipal se niega rotundamente a reconocer. «Festejarás cuando llegue a la G…», fue la lapidaria sentencia del jefe para justificar el veto festivo.
A pesar del trago amargo, de las largas jornadas y de los constantes regaños que adornan su rutina laboral, nuestro querido cumpleañero asumió la negativa con absoluta dignidad e hidalguía, convencido de que aquello que tanto ansía el jefe tiktokero del ayuntamiento está más cerca de lo que parece. ¡Salud por él, que los años se celebran aunque el alcalde no quiera firmar el permiso!.

